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Thursday, January 3, 2019

“Que Alan García y Keiko Fujimori no se equivoquen. La gente no los odia, los desprecia”

“Que Alan García y Keiko Fujimori no se equivoquen. La gente no los odia, los desprecia”

César Hildebrandt habla con Domingo sobre la fe, el Perú en Rusia 2018, sus afectos, la unión civil, Velasco Alvarado y su amistad rota con Alan García. 

Emilio Camacho
Domingo, 30 de Diciembre del 2018
Alguna vez, César Hildebrandt estuvo en el Vaticano. Como tantos otros, se detuvo a contemplar la enormidad de la Basílica de San Pedro: 212 metros de largo, 140 de ancho, y 133 metros de altura en su famosa cúpula renacentista. Aquel edificio, que domina todo el horizonte romano, no era inspiración para una vida piadosa o un símbolo de la fe católica. Para el periodista, esa vista era un mensaje. “Lo que representa es el poder”, dice Hildebrandt esta mañana de 26 de diciembre, en su casa libre de adornos navideños. El columnista que en enero de 2015 escribió “la religión es la más grande industria creada por el miedo a la muerte” habla de la fe, de los dos libros que presentó el 2018, de fútbol, de sus afectos, de su admiración por Velasco, y de su amistad rota con Alan García.
¿Es usted capaz de escapar de la Navidad?
No. El rito de los regalos es inevitable porque si no a uno no lo creen distante o agnóstico sino tacaño. 
Aunque he visto que hay ausencia de decoración navideña en su casa. 
Sí. Lo que pasa es que en la casa de mi esposa, que es la del frente, allí está la decoración navideña. Pero, en cuanto a mí respecta, hace muchísimos años que desterré cualquier leyenda al respecto. 
¿Recuerda alguna Navidad feliz?
Sí, muchas. Pero era esa felicidad que consiste en recibir cosas. Una felicidad material, tramposa. Recuerdo mi primera bicicleta, mi primera pelota de fútbol, mi primer tren. Recuerdo cosas así. Son esas alegrías artificiales que al final no hacen bien, porque nos crean un hábito maligno: que la felicidad pasa por lo que tienes, ni siquiera por lo que aspiras o lo que sueñas. Es terrible. Es una suerte de canibalismo emocional insaciable, que después se convierte en otras cosas: el deseo del éxito, el culto a la apariencia, la insaciabilidad, esta especie de desasosiego crónico en el que vivimos.
¿Cómo se lleva usted con la fe cristiana?
La respeto. Pero jamás la pude seguir. Nunca adquirí la desnudez suficiente como para visitar esos lugares ingenuos en donde todo puede ocurrir: las madres son vírgenes, los espíritus santos procrean, los muertos resucitan, los monjes son santos. Al final, opio puro. 
Ha dicho alguna vez: “Los agnósticos no creemos en Dios pero nos hubiera encantado ser desmentidos”, ¿por qué?
Porque, mire usted, vivir a secas, sin explicación, sin causa ni propósito, en esta roca loca que circula por una estrella que algún día se va a morir es bastante duro de admitir. Y reconocer que esta envoltura llena de fluidos y de carnes furtivas es lo único que tenemos, es más duro aún.
 
Reconocer la intrascendencia. 
Sí. Reconocer la mortalidad, la brevedad, la finitud y sobre todo el sinsentido. 
A ver. Hablemos de otro tipo de fe. Este año, los peruanos hemos debido orar más frente al televisor que ante los altares. Y hemos elevado a Ricardo Gareca a la categoría de profeta. Usted mismo ha escrito alguna columna sobre esta selección peruana tan atípica. ¿Debemos depositar en ellos nuestra fe?
Yo creo que fui muy entusiasta, me retracto, me equivoqué. Yo vi un equipo estructurado, con un cierto estilo, con una cierta personalidad, con un norte táctico difícil de encontrar en un equipo peruano. Pero esas últimas presentaciones han sido deplorables. Y no sé si podremos repetir las performances que tuvimos antes de estos dos fracasos últimos. Yo no sé si a usted le pasa, pero a mí me pasa esto. Yo veo la liga inglesa y a veces pienso que mi televisor está averiado, que ha adquirido una velocidad absurda, como las películas del cine mudo en las que todo parecía vertiginoso y violento. Yo veo ese fútbol y digo: nunca vamos a jugar así. Esto requiere de un estado atlético, de una especie de superdotación. 
¿Es solo un problema físico? 
No. Están los automatismos, las inteligencias del medio campo, el cruzar líneas con un solo pase. La gran diferencia con el gran fútbol son los medios campos. Al Real Madrid lo hace Modric, lo hace Kroos, no lo hace Cristiano Ronaldo. Y al gran Barça lo hicieron Xavi e Iniesta. 
Hablemos de algunos momentos de la eliminatoria que a usted lo entusiasmaron. Pienso en esta jugada de Paolo Guerrero, en el partido de vuelta con Uruguay, cuando se lleva a Diego Godín, el orgulloso capitán del Atlético de Madrid, y anota en el palo del arquero. 
Sí, pero qué pasa antes. Hay un enorme pase. Es lo que le digo. Sin ese enorme pase no hay recorrido de Guerrero ni derrota de Godín. Lo que nos faltan precisamente son mediocampistas creativos. Y con el apagón de Cueva, se acabó el equipo. 
¿Vio antes, en eliminatorias, una jugada de este tipo, tan rápida?
Sí, es una jugada anómala para el fútbol peruano. La única que podría igualársele es la del famoso gol de Perico León en aquellas viejas eliminatorias de 1969, contra Argentina, en Lima. Fue un pase largo, telescópico, de Chumpitaz, al pecho, y gol ante (Agustín) Cejas. 
Déjeme ser ingenuo. Gritamos dos goles de afroperuanos en Rusia. Y nuestro tipo creativo, que está en bajada, es Christian Cueva, un hombre nacido en la sierra de La Libertad. ¿Eso no debería frenar lo soterradamente racistas que somos?
Pero siempre hemos tenido esto. El fútbol siempre fue el Antiperú, la realidad paralela, lo no oficial. ¿Quiénes son nuestros héroes? Mulatos, cholos. Sotil, Perico León, Barbadillo. El único anglosajón, en apariencia, es Toto Terry, porque hasta Guillermo Delgado era mestizo. Entonces de qué hablamos. El fútbol ha sido una benévola y mentirosa sombra del Perú. El Perú no se merecía al fútbol. 
¿Todavía huye de los gustos multitudinarios, de lo popular?
Huyo sobre todo de los cargamontones y de las apologías masivas. Está de moda decir que Roma es una gran película, extraordinaria película, hipnotizante, y a mí me parece un bodrio sentimental. 
 
Cuando le preguntaba por gustos multitudinarios pensaba en su preferencia por Alianza Lima, ¿por qué es hincha de este club?
Porque mi hermana mayor era de Alianza Lima y ella me educó en ese sentimiento. Pero soy básicamente un hincha del Real Madrid. Lo que también es atípico, porque la mayoría le rinde culto al Barcelona. Me encanta ser siempre la mayoría de uno. 
 
Sobre este tema, en noviembre de 2017 usted escribió: “Entendí que uno se hacía hincha de un equipo no solo para amarlo sino para tener el derecho de odiar a su rival”. ¿Cuánto ha disfrutado usted los fracasos de la U?
No veo fútbol peruano hace muchos años. Y tengo entendido que el fracaso es absoluto. Si hay algún fraude involuntario, pero extendido, es el del periodismo deportivo. La prensa deportiva nos quiere hacer creer que tenemos una liga competitiva, que tenemos equipos interesantes, que parimos jugadores cada semana. Y lo cierto es que hace años no pasamos de la primera fase de la Copa Libertadores. La última hazaña fue el 2003, de un equipo provinciano como el Cienciano, lleno de forasteros para Lima. Y allí acabó todo. 
 
¿Diría que el periodismo es efímero, que las piezas periodísticas tienen una fecha de caducidad muy temprana?
Sí, desde luego. El 98% del periodismo dura 24 horas, sino 48, si somos generosísimos. Y lo que queda es, de algún modo, súbdito de la literatura o de la cultura. “Esta fugacidad, todo mi reino”, decía Juan Gonzalo Rose, refiriéndose a este tipo de preponderancias efímeras.  
Y en medio de esta cosa tan efímera sale una tercera edición de Cambio de Palabras, su libro, con entrevistas que ya rozan los 50 años, que han sido recibidas con entusiasmo. 
Lo que pasa con el libro es que, primero, ha estado muy bien editado y muy bien distribuido, por la editorial que me ofreció la oportunidad de esta reedición. Pero lo básico es que, ante el declive general de la clase política actual, la gente encontró en el libro líderes distintos. Un elenco social y político que podía ser referente desde todo punto de vista, incluido el ético. Encontró personalidades en un mundo en donde los esperpentos abundan y las personalidades están ausentes. Esa nostalgia es la que ha producido el éxito del libro. El deseo de tener un país parecido al que evocan estos personajes, que siendo de derecha o de izquierda, lo que revelan es una consistencia muy clara de ideas, de propósitos, de programas. 
Es el retrato de un tiempo …
Muerto…
De acuerdo. Es un tiempo en el que los líderes políticos daban la cara y confrontaban sus ideas. Hoy los líderes están ocultos y se comunican a través de YouTube, más que líderes políticos parecen influencers…
Lo que pasa es que no hay partidos y no hay programas, y por lo tanto no hay debates porque no hay ideas. Imagínese que usted se sienta con la señora Keiko Fujimori. ¿De qué ideas va a hablar? ¿De Kenji? ¿De su padre, de Montesinos? ¿Tiene algún programa la señora aparte del populismo regalón? Aparte de la estructura semimafiosa, ¿tiene algún sueño, algún tipo de utopía personal respecto del Perú? Siéntese con Velásquez Quesquén y pregúntele qué es el Apra. Le aseguro que él solo balbuceará una indefinición, porque el Apra es nada ahora
¿Ha reparado en que de los 25 personajes de su libro solo 7 siguen vivos?
No me sorprende. Hasta el propio entrevistador está viejo (se ríe). 
¿Por qué no hay mujeres en su libro de entrevistas?
Porque en ese momento, evidentemente, no había liderazgos políticos de este género. Si alguien me pudiera decir “usted dejó de entrevistar, en el año 1975, a alguien”, yo le diría “sí, encantado, pero dígame a quién omití, en términos de representación política”. Lo que pasa es que el mundo ha cambiado, felizmente. Y la misoginia política ha sido destituida. Y ahora mismo podríamos incluir a Verónika Mendoza, por ejemplo, o a la misma Keiko Fujimori. 
 
Aunque en el libro no solo hay personalidades del mundo de la política, también hay personas relacionadas con el arte. Quizá ese fue un espacio que no se exploró. 
Sí, quizá esa fue una omisión. Podría haber estado Blanca Varela perfectamente. En fin, se trata de un defecto del libro que ya no se puede corregir. 
 
Sobre la entrevista a Manuel Scorza usted ha dicho ya, varias veces, que fue injusto con él, que no se merecía el trato que le dio. Lo que no me queda claro es qué pretendía usted. De pronto una entrevista a un candidato a una vicepresidencia se convirtió en el reclamo de un lector desilusionado. 
Bueno, lo de la candidatura era una farsa carnavalesca de la izquierda más folclórica, no merecía una mirada seria. En realidad fue una emboscada literaria con el pretexto de una entrevista política. Esa es la verdad. En ese momento yo sentía, como lector, y eso fue arbitrario y violento, una particular repelencia por el estilo de Scorza, que era una suerte de realismo mágico a la peruana, y que, en fin, desprestigiaba la hipérbole. Yo amo la hipérbole, porque al final es la base de cualquier literatura. Pero en Scorza parecía un recurso barato. Entonces sí, me porté como un lector grosero e impertinente. 
¿Lo ha vuelto a leer?
Sí, y me sigue pareciendo lo mismo. Es que, como decía Borges, la muerte no mejora tanto. 
¿Votó en 1985 por Alan García?
Yo le tengo que hacer una confesión que me va a pintar absolutamente como un ciudadano desacreditado. Desde 1980 no he votado nunca. Tengo licencias o multas. Ahora, por quién estaban mis simpatías el año 85, que ya es otra cosa. Sí, yo miraba con gran expectativa y una buena dosis de esperanza a Alan García. Desde luego, quién no. 
¿Fue su amigo?
Fue mi amigo. Fuimos amigos. Desde luego que sí. Nos frecuentábamos. Conversábamos mucho. Hasta que llegó al poder y, bueno, sucedió lo que más o menos está visto.
¿Qué pasó? ¿Cómo se llega a ser amigo del Alan García de los 80, este diputado dado a la verborrea?
Por tener la misma edad, frecuentar muchas lecturas comunes, tener algunas ideas en común sobre lo que podía ser la socialdemocracia peruana. 
Dentro del Apra, ¿él era mejor opción que Villanueva? 
De lejos. En realidad no era la mejor opción, era la única opción. Tras la derrota de Villanueva el 80, García se erige como la única opción. Aun después del caso Langberg, que estalla y ensucia a la mitad de la dirigencia que seguía a Villanueva. 
Luego, bastante tiempo después, usted ha sido generoso con Villanueva. Ha dicho que él “trató de revivir la tradición antiderechista del Apra”. A la distancia, eso era mejor que ser como García. 
Sí. Lo que pasa es que el fracaso de su candidatura (en 1980) fue fatal para él. Él pierde ante una candidatura flagrantemente débil como la de Belaunde. En realidad, esas elecciones no las gana Belaunde, las pierde Villanueva. El electorado rechaza el izquierdismo de Villanueva y acepta el centro nihilismo de Acción Popular, cuyo mayor mérito es decir que el Perú es una doctrina, madre mía.
¿Admiró a Juan Velasco Alvarado?
Sí. Desde luego. Fue un hombre capaz de enfrentarse a la más vieja y rancia oligarquía peruana: la agraria, la de los golpes de Estado, la del control absoluto, la que producía y mataba liderazgos de acuerdo a su conveniencia, la que le hizo la vida imposible a Bustamante y Rivero, que fue otra esperanza fallida para nosotros.   
¿Era necesario que el régimen de Velasco interviniera medios como Caretas?
No, no, para nada, ese fue un error absolutamente estúpido de los consejeros de Velasco, como Carlos Delgado, que creían que era el momento de cubanizar la revolución peruana. En vez de, precisamente, subrayar sus diferencias, sus singularidades permisivas, estos consejeros, entusiasmados por la experiencia cubana, le aconsejaron la toma de los medios y ese fue un error suicida. Velasco se puso una pistola en la sien y disparó. Y eso hizo que la Marina tomara la decisión de derrocarlo, convenciendo a sectores del Ejército, que también miraron muy mal el asunto de los medios. Pero, claro, de allí a satanizar a Velasco y culparlo de todo, como hace la derecha hoy, hombre, hay un abismo. La historia va a valorar de un modo diferente a Velasco. 
 
¿Lo cree?
Sí, desde luego. No tengo dudas.  
Gustavo Gorriti tiene una teoría. Él dice que el poder que tienen los políticos actuales se mide en su capacidad de intimidación, en cuánto pueden hacer que les teman. ¿Qué capacidad de intimidación pueden tener en este momento Alan García o Keiko Fujimori?
Yo no comparto esa teoría. No es la capacidad de intimidación, es la capacidad de persuasión de enamorar gente, de suscitar afinidades, de crear corrientes, lo que hace un líder. Si la capacidad de intimidación fuera el factor único, entonces tendríamos a Urresti de presidente. No creo en esa teoría. No la comparto. En todo caso, si la pregunta es directa, qué capacidad tiene García de producir respeto, que es casi el paso previo del miedo, la respuesta es ninguna, cero. El desprecio que se ha ganado García, es un desprecio a pulso, construido durante décadas. Muchos años de trabajo, de cutra. Y el irrespeto que merece Keiko, semejante al de García, también. Es un voluntariado épico. Y no se pueden quejar. No hay aquí una confabulación, una conspiración. No hay campañas de descrédito. 
Curioso que lo diga. Ellos dicen mucho que hay corrientes de odio hacia ellos. Usan mucho ese término. 
No, hay corrientes de desprecio hacia ellos. Que no se equivoquen, la gente no los odia, los desprecia, que es muy distinto, y es bastante peor. 
Voy a citar una columna. En marzo de 2015, cuando se discutía la unión civil entre personas del mismo sexo, usted escribió lo siguiente: “El lobby gay ha ejercido en las redes sociales una presión brutal en contra de todos quienes, desde perspectivas tan discutibles como respetables, se oponen al protomatrimonio homosexual. Como si lo políticamente correcto fuese un ucase digno de imponerse a patadas e insultos”. ¿Realmente cree que existe un lobby gay que trata de imponer lo políticamente correcto?
Yo lo que creo es que el matrimonio homosexual no puede ser impuesto por las encuestas. Tiene que ser, en todo caso, incorporado a la legislación de un modo plebiscitario. Y no creo que haya algo políticamente correcto en esto. No creo que haya réprobos, herejes, malditos por un lado. Y por el otro, ángeles e incluyentes, que enfrentan lo demoniaco. Hay un grado fanático aquí que no acepto. 
¿En ambos casos?
Mucho más en el caso de los que defienden los legítimos derechos de los homosexuales. Porque cada adversario que les sale es convertido inmediatamente en enemigo irreconciliable de la libertad. Y me parece que tampoco hay derecho a eso. En todo caso, el matrimonio gay es una conquista civil que funciona en Chile y funciona en Los Ángeles, y se extenderá por todo el mundo. Quien no crea en él se convertirá en minoría. Eso es inexorable. Pero en el proceso no podemos decir que la gente que se opone al matrimonio gay está maldita o pertenece a las antípodas de la razón. No, simplemente piensa distinto. Es la intolerancia llamando intolerante al interlocutor. No acepto eso. No acepto las verdades de a puño, los gritos de la turba. 
 
Otra cita. En 2009 le dijo a Mávila Huertas que en los siguientes diez años lo único que le importaba era conservar la lucidez. “No me importa cuán devastado esté, si conservo mi lucidez conservaré mi capacidad de leer y de refunfuñar y de escandalizarme. Pero si no la conservo, espero tener el coraje suficiente para aplicarme la eutanasia”. ¿Sigue pensando así?
Sí. Sigo pensando que la vejez descaminada, sonámbula, inerme, no es vida. Son años vacíos, calendario puro. Para citar a Neruda: son meses iguales persiguiéndose. Si la vida ya es absurda en plena lucidez, se imagina cómo será desde la lejanía y el deterioro. Ahora, claro, hay un problema práctico aquí. ¿Cuándo se da cuenta uno que está perdiendo la lucidez? No puede ser demasiado tarde, porque si no uno ya no se da cuenta de que la ha perdido. Es un asunto de tiempo. Habrá que estar atento. 
Algunos colaboradores suyos, indiscretos, dicen que usted tiene un arma, ¿es verdad?
(Se ríe) Devolví mi arma hace meses porque mi licencia estaba vencida y no quise renovarla. Tenía un arma en mi dormitorio, pero nunca la llevé porque mi esposa me prohibió llevarla en mi coche, como yo hubiera querido. Pero nunca la exhibí. Así que sus colaboradores son más imaginativos de lo que usted cree. 
¿Por qué dice no fue un buen padre?
En realidad no lo sé. Será porque a mí la culpa me visita constantemente, me llama, y porque tengo una propensión a la autocrítica y al arrepentimiento. Pero, objetivamente hablando, no creo haber sido un gran mal padre. Puedo haber sido un padre distante.
 
Ausente. 
Ausente, poco constante. Pero ninguno de mis hijos, que me necesitó, puede decir que yo no estuve allí, en ningún caso. 
 
¿Quién fue Juano? 
Ah. Un hermano inventado. 
 
¿Por qué necesitaba inventar un hermano?
Porque tenía tres hermanas y un padre ausente. Era un asunto de género como se diría ahora (se ríe). Necesitaba de un compinche, de un secuaz y lo inventé al punto de reservarle un cajón de mi cómoda, para su ropa... 
 
Ropa imaginaria.
Ropa imaginaria para un hermano imaginario con el que yo hablaba muchas veces. Era un niño imaginativo. En esta época me hubieran llevado al psiquiatra o me hubieran recetado algo terrible que me hubiera quitado el sueño del hermano propio. Pero en esa época, felizmente, no estaban de moda ni los psiquiatras infantiles ni el Ritalin. 
 
¿Hasta qué edad convivió con Juano?
Yo pude disfrutar de esa fantasía hasta los 10 años, entre los 7 y los 10. Fue una breve locura que anunciaba otras. Es que sin un grado de locura la vida sería un infierno. Si la vida fuera la estricta cotidianeidad sería imposible vivirla. Por eso amé tanto los libros y los amo. Cuando entro a un libro, en realidad lo que hago es recorrer un túnel que me lleva a una realidad paralela. Los libros fueron para mí, siempre, una gran fuga. 
 
Si eso es así, ¿por qué dejó su aventura en la literatura?
Porque probablemente no he tenido ni la dedicación ni el talento necesarios. Y el periodismo me devoró. Yo llegué al periodismo con la idea de que iba a ser un amorío pasajero, un comercio muy fugaz, y me quedé. No me arrepiento en absoluto. 
¿Ha llorado usted, con amargura, alguna muerte?
He sentido mucho la muerte de mi madre. Sentí la muerte de mi padre. Y ahora último sentí mucho la muerte de mi hermana. Pero tengo una cierta incapacidad para llorar. Me hace llorar el sufrimiento de algunos animales, y también algunos libros y algunas películas. 
 
Como Roma. 
No, Roma me hace reír. 

De esta manera el rally Dakar 2019 compensará su huella de carbono

De esta manera el rally Dakar 2019 compensará su huella de carbono

Con el fin de proteger el medio ambiente, el Rally Dakar 2019 compensará su huella de carbono con la adquisición de 5 mil toneladas de créditos del proyecto REDD+ en el Parque Nacional Cordillera Azul, ubicado en territorio de las regiones Huánuco, San Martín, Ucayali y Loreto, informó el Ministerio del Ambiente.
Ante esto, la empresa organizadora ASO compensará todas las actividades desarrolladas a partir de la carrera (causadas por los competidores, prensa y organización). A ello se sumará a las otras 10,000 toneladas que compensará la competencia con el proyecto Madre de Dios Amazon REDD.
Este proyecto en la Cordillera Azul forma parte del trabajo articulado entre el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), organismo adscrito al Ministerio del Ambiente, y la ONG Centro de Conservación, Investigación y Manejo de Áreas Naturales CIMA - Cordillera Azul para la conservación de esta área natural protegida y el desarrollo sostenible de las comunidades que viven en esta zona.
Con esta medida se ha evitado la pérdida anual de 6,800 hectáreas de bosques (lo que equivale a 7,500 canchas de fútbol) y se ha consolidado modelos de desarrollo sostenible en beneficio de las poblaciones locales.
Paralelamente a esta iniciativa, el sector Ambiente, a través del Sernanp, ha implementado un Plan de Contingencia para garantizar la conservación de las zonas de amortiguamiento de las Reservas Nacionales de Paracas y San Fernando, por donde circulará el Rally Dakar.
Además, se han instalado hitos y paneles informativos en puntos estratégicos identificados cercanos a ambas áreas naturales protegidas, los que permitirán a todos los participantes conocer el límite del área natural protegida y restringir su ingreso.

CHAVARRY APROVECHA FERIADO DE FIN DE AÑO Y RETIRA A LOS MEJORES FISCALES ANTICORRUPCION

Lava Jato: Chávarry retiró a Domingo Pérez y Rafael Vela del equipo especial

El fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, anunció el cambio del fiscal José Domingo Pérez / Foto: archivo Andina

Así lo anunció el fiscal de la Nación en conferencia de prensa. Los reemplazos serán Frank Almanza y Marcial Paucar

El fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, anunció el cambio de los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez en el equipo especial del caso Lava Jato. El titular del Ministerio Público informó que los magistrados Frank Almanza y Marcial Paucarserán los reemplazos.
“Dejar sin efecto la designación del fiscal superior coordinador Rafael Vela como de José Domingo Pérez Gómez. Quienes los reemplazarán en su cargo serán Frank Almanza como fiscal coordinador y Marcial Paucar”, anunció el fiscal de la Nación.
Chávarry señaló que tomó la decisión de cambiar el equipo especial del caso Lava Jato, porque han "habido hecho que atentan contra la jerarquía institucional y se ha violado la reserva de la investigación".
"El fiscal José Domingo Pérez, luego de su designación procedió a cuestionar mi elección que se produjo por unanimidad de los fiscales supremos y esta conducta ha sido reiterativa en diferentes circunstancias y lugares, hecho que no solo afecta mi persona si no a la autonomía del Ministerio Público, esta conducta ha sido avalada por el coordinador Vela Barba", sostuvo Chávarry.
En la víspera, Domingo Pérez denunció al fiscal de la Nación por obstrucción a la justicia en el caso cocteles de Fuerza 2011, por el cual Keiko Fujimori cumple una prisión preventiva por 36 meses.
Chávarry terminó su comunicado sin responder preguntas de la prensa. Agregó que hará público el acuerdo que el equipo fiscal hizo con la empresa brasileña.

An electric motorcycle for $1,995 in the US – where do I sign up!?

Two-wheeled electric vehicles aren’t exactly in limited supply. There are hundreds of different electric bicycles and dozens of electric motorcycles and scooters to choose from in the US alone. However, the prices of existing options are quite delineated, with budget electric bicycles starting at under $1,000, followed by mid-range electric bicycles of higher quality in the $2,000 range, then nicer (and faster) electric mopeds and scooters that usually cost up to $4,000, and lastly full-scale electric motorcycles that start at around $10,000 and increase steeply from there.
Now a California-based company is introducing a new electric motorcycle into the mix, offering faster speeds than most electric bicycles and scooters at a price less than $2,000.
CSC Motorcycles has recently announced the new 2018 City Slicker electric motorcycle.
As its name indicates, this two-wheeled EV is meant more for urban streets than for highway speeds. With a top speed of 46 mph (74 km/h), don’t expect to be hopping into the HOV lane on your local highway.
However, 46 mph should be more than fast enough for most large cities and metropolitan areas.
Range is of course affected by speed, especially considering that this 216 lb (98 kg) electric vehicle weighs not much more than the average American male. At 37 mph (60 km/h), the range is estimated at 37 miles (60 km). Slow down even further to 20 mph (32 km/h) and you’ll get a whopping 62 miles (100 km) of range.
Motorcycle enthusiast Joe Berk did some awesome experimenting and documented the real world range of the City Slicker on his blog.
That range isn’t industry rattling, but it is still quite good for a city commuter. And you can thank the City Slicker’s 72V 30Ah Li-ion battery pack for that range, which is equivalent to 2,160 Wh.
Charging takes 6-8 hours with a standard Level 1 (110V wall outlet) charger, but could presumably be shortened with a higher power charger. For under $2,000 though, it’s hard to blame CSC for including a lower power charger.
Unlike other similarly sized electric scooters and motorcycles, the City Slicker doesn’t use a hub motor. Instead, it sports a mid-drive motor with a belted connection to the rear wheel, which removes the chain noise and makes this electric vehicle even more silent.
According to the company:
Instrumentation includes a speedometer, odometer, and trip meter, as well as a cellphone-like battery status indicator and a motor temperature indicator. Controls are similar to conventional motorcycles, with the exception of no clutch and no gear shifting. The motorcycle has inverted forks and a large, lockable storage compartment where a conventional motorcycle fuel tank would be located. The City Slicker also has a unique reverse drive feature and hydraulic front and rear disk brakes.
While the City Slicker is sold by CSC Motorcycles in California, it is produced in China by Zongshen, a manufacturer with a history of racing and which produces a number of other successful motorcycle models.
According to CSC Motorcycle’s CEO Steve Seidner:
We worked closely with Zongshen to tailor this extremely affordable, high quality motorcycle to US expectations. The build quality is world class, and the bike is just plain fun to ride. Riding an electric motorcycle is a uniquely-different experience. The City Slicker is completely silent, and it is very quick off the line. The experience is like riding a bicycle downhill or sailing. It’s different and it’s fun.
If you want to take advantage of the $1,995 price, you’d better hurry. The company calls this the “don’t miss the boat” price, a promotion they’ve employed on past models as well. Pre-orders placed now will begin shipping this fall.
According the Seidner:
After the initial shipment, the City Slicker’s price will be $2495. That’s still many thousands of dollars less than any other electric motorcycle offered in America. We are taking deposits now and the motorcycles will be here this fall.
Electrek’s Take
In my humble opinion, the City Slicker falls into a beautiful niche in the market, offering higher speeds than electric bicycles at a price that is well below many e-bike prices. Considering that an e-bike that can go almost as fast costs three times as much, this is really a fair price for such a powerful and high-capacity electric motorcycle.
And while the specs don’t exactly blow me out of the water, the speed is plenty for city riding and the range is more than most would ever need for commuting purposes.
Keep in mind that this isn’t a large bike, and definitely won’t be challenging the upcoming electric Harley Davidson. With a wheelbase of just 49.2 inches (1.25 m), it’s a full 7 inches or 17.3 cm shorter than the Zero FXS street electric motorcycle.
However, for your first electric motorcycle or for anyone who wants a quicker and more fun commute, the City Slicker could be a great bike for you!
Photo credit: Joe Berk

How does a $2.5K City Slicker electric motorcycle compare to a $16K Zero?

Electric motorcycles are a booming subsection of the electric vehicle industry, with new offerings popping up on our radar fairly regularly. Compared to full-sized electric cars and trucks, electric motorcycles are easier for companies to develop and produce due to their lower complexity, fewer parts, smaller sizes and reduced regulation.
One of the most talked about new electric motorcycles just released in the US is the $2,495 CSC City Slicker, an e-moto that we covered when it debuted earlier this summer with an even more enticing $1,995 price tag. But how does a budget electric motorcycle compare to higher end models like those from Zero Motorcycles?
When it comes to electric motorcycles, it’s hard to find anything more budget-friendly in the US than the $2,495 CSC City Slicker.
On the other hand, the $16,495 Zero SR is one of the nicest and most state-of-the-art electric motorcycles available, without getting into rare and exotic electric luxury motorcycles.
The two electric motorcycles basically represent the two ends of the reasonable-use spectrum for every day driver e-motos.
And thanks to the first hand account of motorcycle enthusiast and Exhaust Notes writer Joe Berk, we can really dive in and compare the advantages of the two electric motorcycles that are so similar in concept yet so different in execution (and price!).
The first thing to consider is that these two electric motorcycles are not intended for the same audience, so don’t expect a direct head to head here. As Berk explains:
“These motorcycles are different tools intended to meet different needs for different riders. The good news is they’re both fun. A lot of fun, actually.”

Speed, acceleration, and torque

Consider first the speed and range specs: The City Slicker is rated for 46 mph (74 km/h), though real world GPS tests have shown the real top speed to be closer to 42 mph (68 km/h), which means the City Slicker’s speedometer reads slightly optimistically.
On the other hand, the Zero SR is built to go over twice as fast, at 102 mph (164 km/h).
It is immediately apparent that the City Slicker is for getting around the city, with speeds fast enough to keep up with and probably even overtake traffic on nearly any urban road.
On the other hand, the Zero SR is a highway-worthy electric motorcycle that is capable of adrenaline-pumping speed and acceleration.
And the bikes are also built accordingly. The City Slicker has a modest 3.2 kW peak motor, while the Zero SR has a 52 kW peak motor.
Berk translates those differences into something easier to understand:
“I like it when a motorcycle accelerates so hard it scares the hell out of me, and the Zero did that. In the Sport Mode, the SR has a punch in the pants that is downright terrifying. Zero advertises that their bike will out-accelerate a Porsche 911.  I didn’t have a chance to check that out, but I’ll take their word for it. Bottom line: I thought that was very cool. I liked it. A lot.
The City Slicker’s acceleration is more manageable. It had no problem keeping up with city traffic when the light turned green. It’s maybe a notch into the ‘wow’ range the first time you ride the bike, and then it just becomes part of the experience. On the Zero, it’s simultaneously awesome, exciting, and terrifying.”
So the acceleration and torque on the City Slicker are impressive but manageable, while Zero SR is mind-blowing.

Battery capacity and range

The battery capacity on the two vehicles is also a big differentiator. The City Slicker has a 2.1 kWh Li-ion battery while the Zero SR has nearly seven times the battery capacity at 14.4 kWh. The Zero is the obvious winner here, since more is usually better. But a unique advantage of the City Slicker’s smaller battery is that it is removable. Thus, you could presumably park on the street and charge the battery in your living room, though you’ll have to lug around the approximately 35 lb (15.5 kg) battery to do it.
Range is tricky to exactly calculate for any EV, but CSC says the City Slicker achieves 62 miles (100 km) at 20 mph (32 km/h) or 37 miles (60 km) at a more reasonable 37 mph (60 km/h). The Zero SR is rated for a range of 193 miles (288 km) in the city, which is probably the best figure to compare to the City Slicker’s 37 mile (60 km) range figure at 37 mph (60 km/h). But since the Zero SR can travel at highway speeds as well, consider that its highway range is rated at 90 miles (145 km).
So on pure numbers alone, the Zero has 16x the peak power, 7x the battery capacity, 5x the range, and 2.5x the speed, though it also costs nearly 7x as much. After the hard numbers, many of the specs and parts are quite similar, though likely different power ratings commensurate with each vehicle’s speed.
Both have hydraulic dual piston front and single piston rear brakes (though the Zero has nicer ABS brakes and nice big rotors). Both have belt-driven mid-drive motors, removing the chain noise to create a truly quiet electric vehicle. Both have oil dampened inverted front suspension and single coilover rear suspension with adjustable pre-loads, however the Zero is definitely a more comfortable ride. The City Slicker has around 4.2 inches (10.6 cm) of front and rear travel while the Zero SR has closer to 6.2 inches (16 cm) of front and rear travel, though it is a larger bike at nearly twice the weight (216 lbs or 98 kg vs 414 lbs or 188 kg).
Again, these aren’t the same parts. Obviously the brakes on a 100 mph bike are going to be stronger than those on a 40 mph bike, but the design and execution is surprisingly similar.

Build quality

Even though both street bikes share similar designs, we should also consider build quality. While you might assume the Zero SR is a piece of art while the City Slicker is a rolling bucket of bolts, you’d be surprised. Well, surprised about the second part at least, since the Zero SR really is a masterclass in electric motorcycle building.
Berk reports that the City Slicker has a build quality that defies its low price tag:
And don’t delude yourself into thinking you can see the price differential in the build quality of the two bikes.  They are both well made.  Fit and finish on both bikes is world class.  If you want to argue that the City Slicker is a cheap Chinese piece of junk, you have my permission to demonstrate your ignorance on an Internet forum or in the Disqus comments on any of the many articles recently written on the City Slicker. But you’d be dead wrong.

Conclusion

At the end of the day, these are both very capable electric motorcycles that excel in their own environments, even if those environments aren’t the same. If you’re looking for an affordable street bike solely for city riding and never plan to hit the highway, you can save a ton of money with the City Slicker. With its smaller and more nimble wheels, it’s built for navigating cities and lives up to its name.
But if you want a state-of-the-art electric motorcycle with performance that will fill your eyes with tears and your teeth with bugs, plus has the range to make charging only a sporadic chore, then the Zero SR is the cream of the crop.
Either option is another step towards displacing gas-powered vehicles and replacing them with environmentally responsible (and fun!) electric vehicles. And if they help remove space hogging cars from our already crowded cities, then all the better.