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Saturday, December 9, 2017

Puente de plata para PPK, por Fernando Rospigliosi

Puente de plata para PPK, 

por Fernando Rospigliosi

“La salida que le está ofreciendo el fujimorismo a PPK es la renuncia, que le evitaría la vergüenza y el baldón de la vacancia por incapacidad moral”.

FERNANDO ROSPIGLIOSIANALISTA POLÍTICO

Fernando Rospigliosi
PPK
“La situación de PPK es cada día más precaria, al punto de que en sus presentaciones públicas, en las que antes disfrutaba conversando con los periodistas, ahora rehúye el contacto”. (Foto: USI).
Probablemente el allanamiento de dos de sus locales incentivará al fujimorismo a seguir escalando sus ataques contra el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK). La citación de la Comisión Lava Jato a su esposa, Nancy Lange, es un golpe muy duro y difícil de manejar para PPK. Y, al mismo tiempo, le están proponiendo, a través de la congresista Yeni Vilcatoma –luego apuntalada por Karla Schaefer–, que renuncie a su cargo.

La situación de PPK es cada día más precaria, al punto de que en sus presentaciones públicas, en las que antes disfrutaba conversando con los periodistas y haciendo gala de su dudoso humor británico, ahora rehúye el contacto con la prensa.
Tal vez la principal razón es que las últimas revelaciones de diversos medios de comunicación muestran casi con certeza que PPK no ha dicho la verdad respecto a su relación con Odebrecht y First Capital. Por ejemplo, se ha recordado que el entonces ministro Fernando Zavala reconoció en febrero de este año que “el presidente realizó algunos servicios a First Capital por lo que fue remunerado y figura en su declaración de impuestos”. Esto a pesar de que PPK ha negado cualquier relación con esa empresa y que había dicho en la campaña del 2011: “No sé dónde es su oficina [de First Capital], nunca he estado allí”, una obvia mentira pues, como se ha comprobado, esa empresa funcionaba en 2665 South Bayshore Drive, en Miami, el mismo lugar donde PPK y Gerardo Sepúlveda tenían las oficinas de varias compañías en las que eran socios. 

Son muy pocos ahora los que, como el ministro Carlos Basombrío, se atreven a afirmar que le creen a PPK y no a Marcelo Odebrecht, que declaró que había contratado a PPK después de que dejó de ser ministro en el gobierno de Alejandro Toledo. O como la ministra Mercedes Aráoz que sostiene: “Al presidente no lo compras con 4 centavos, además es una persona muy decente, no está para recibir limosna para cambiar su posición. Él no se vende por un plato de lentejas”.
En verdad, nadie ha dicho que Odebrecht pagara limosnas o cuatro centavos. Sus lentejas eran bastante más suculentas.

La comisión que presidió el entonces congresista Juan Pari determinó, por ejemplo, que Odebrecht Latinvest Perú Ductos S.A. hizo ocho transferencias entre marzo del 2007 y febrero del 2008 a First Capital Inversiones y Asesorías Ltda. del amigo y socio de PPK Gerardo Sepúlveda. Además de la asesoría financiera de First Capital Partners al consorcio liderado por Odebrecht que construyó un tramo de la Interoceánica Sur.

La salida que le está ofreciendo el fujimorismo a PPK es la renuncia, que le evitaría la vergüenza y el baldón de la vacancia por incapacidad moral, además de largos juicios penales que, aunque no culminen con una condena, constituyen una verdadera tortura para cualquier persona. Porque en caso de vacancia, podría venir una acusación judicial y quizá una orden de arraigo. Si renuncia, evitaría ese calvario.

Es una salida similar a la que ya se dio con el ex ministro de Transportes Martín Vizcarra, al que forzaron a dimitir con la amenaza de la censura. 

Pretextos para renunciar habría muchos. Por ejemplo, decir que se va para evitar al país enfrentamientos inútiles y una larga parálisis. Todo sea en bien de los peruanos.
El fujimorismo argüiría, como lo hizo con Vizcarra, que ellos no tienen la culpa. No lo vacaron, dirían, solo que se fue porque tenía la conciencia sucia y miedo a las investigaciones.

En otras palabras, una aplicación del refrán: “A enemigo que huye, puente de plata”, facilitarle una salida menos traumática y no asumir los costos de echarlo directamente.

Naturalmente, eso implicaría un gobierno de transición y elecciones adelantadas. Políticamente sería imposible mantener un gobierno con alguno de los vicepresidentes al que de seguro le iría peor que a PPK. El país no soportaría más de 40 meses en esa situación.

Ese es un escenario posible que por lo menos un sector del fujimorismo alienta, no solo por la angurria de hacerse del poder más rápido, sino porque probablemente estiman que ellos están más preparados y organizados que cualquiera de sus posibles rivales. Ellos, por supuesto, no admiten que sus derrotas en el 2011 y el 2016, en campañas que tenían ganadas, tienen causas profundas y echan la culpa a factores externos y circunstanciales. Así, esa es una razón adicional para empujar un desenlace de adelanto de elecciones.

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