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Tuesday, August 20, 2013


MiguelSantillana
OSO DECIRLOPor Miguel Santillana
Un tema que me impresionó durante mi reciente visita a Puno, invitado por la fundación Konrad Adenauer y el Instituto Peruano de Economía Social de Mercado (IPESM), fue el racismo: los cobrizos contra los mestizos, criollos o blancos. Este racismo se justifica como revanchismo histórico marcando la vida política del departamento. Mientras que esto no sea enfrentado como un pernicioso pasivo de la sociedad peruana, éste departamento y los otros en los que se observa este tipo de comportamiento no podrán integrarse al proceso de crecimiento económico y social. El racismo es una trampa para nuestro desarrollo.
A continuación, la narración de una persona que sirvió de anfitrión durante mi visita. “Habiendo tanta migración del campo a la ciudad, y no superada la pobreza que existe en el departamento, los campesinos empezaron a enviar a sus hijos a estudiar a la universidad (Nota: en Puno existen 2 universidades públicas y 4 privadas). En especial a la Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez (UANCV, fundada en 1981 tiene sedes en Juliaca, Puno, Arequipa, Ilave, Azángaro; tiene 20 mil estudiantes, 7 facultades, 19 carreras profesionales, maestrías y doctorados), que es privada y cuyas pensiones no son caras -un promedio de 150 a 250 soles-. Yo he sido docente en esa universidad y la calidad de los alumnos es pésima. En muchos casos ni dominan el castellano, no saben ni armar una oración. Trabajar con ellos es súper complicado”.
“La UANCV tiene 32 años de sacar profesionales mediocres. Con los años, tienen una masa crítica mediocre de abogados, ingenieros, administradores, profesores, que se apellidan Maquera, Condori, Huayhua, Cahua, Pacori, Cariapaza, Yujra, etc. Dentro de este grupo los de mejor apellido son los Quispe y Mamani”.
“Son ellos los que más se quejan de unos fantasmas: los blanquitos de Lima, los pituquitos, los terratenientes, los hacendados (aunque eso se acabó con la Reforma Agraria aún siguen con el complejo). En especial, son los izquierdistas quienes insisten en este discurso. Se han dedicado a crear odios y resentimientos -como si Diez Canseco, García Sayán, Dammert, Letts, Pease, Franke, De Echave, Monge, Glave, Villarán, fueran cobrizos-. Ahora, para ganar las elecciones, tienes que ser parte de este grupo porque, como dicen, “ahora les toca gobernar”. Tienes que ser un “originario”, tienes que ser un aymara o un quechua auténtico. El actual Presidente Regional se apellida Rodríguez, pero tuvo que explicar que él había nacido en una comunidad y que es campesino”.
“No importa no saber gobernar, ni administrar, ni nada; basta pertenecer a esta “nueva mayoría”. No tienen idea de calidad de vida. No les importa comer todos los días chuño, vivir en un solo cuarto con sus hijos amontonados. Existe un rechazo muy fuerte en contratar profesionales de verdad y técnicos con experiencia. Peor si es blanco, criollo o mestizo, pues como, dicen en los pasillos, “les pueden quitar el puesto porque saben más”.
“También existe racismo entre quechuas y aymaras. De la mezcla salió el juliaqueño. Es horroroso. Es el nuevo rico. Atropellan a quien les da la gana. No tienen educación: se tiran unas trancas épicas y luego hacen intercambio entre la comadre y el compadre. Al día siguiente, no pasó nada”.
“Durante el ‘Aymarazo’ (mayo 2011), nadie con tez clara podía caminar por las calles porque lo agarraban a chicotazos. Yo he visto a grupos de jovencitos “originarios” masacrar a golpes a jovencitos blanquiñosos por las puras, y nadie se metía. Recordar eso me parte el corazón. Yo también tengo un hijo que es blanquiñoso y puneño…”
Hay que enfrentar esto de una vez.

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