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Monday, May 19, 2014

COSTA VERDE, UN ESPACIO ABIERTO

18 de Mayo del 2014 a las 10:53:09

LEA “COSTA VERDE, UN ESPACIO ABIERTO”, LA COLUMNA DE AUGUSTO ORTIZ DE ZEVALLOS

Lea “Costa Verde, un espacio abierto”, la columna de Augusto Ortiz de Zevallos
Ese nombre que doy a esta, mi columna semanal, es la mejor definición para lo que debe ser la Costa Verde. Porque ese ha sido exactamente el dilema al cual mi proyecto, ya en obras de nuevo, debía responder y respondió con el Plan Estructurador ya aprobado hace cinco años, que por fin se hace real.
Materializado en San Miguel y Magdalena como un malecón generoso donde pasear cerca del mar. Porque de eso tratan los malecones, que son paseos marítimos, y no de bordear cerros, como algunas obras creían, desarmando hace poco, con improvisaciones, un proyecto ya aprobado e integral. Que tenía SNIP, lo que no le importó a los entonces dueños políticos de manejar esa credencial. Para los aliados todo, para el resto, la ley.
Ese Plan Estructurador, que ya fue discutido y aprobado, solamente necesita herramientaslegales y reglamentarias, que reemplacen el fofo y amorfo cuerpo legal que hay para la Costa Verde, donde todo vale según quien lo pida, lo que es una amenaza para los que queremos ciudad, ciudadanía y ciudadanos.
Costa para pasear, ir en bici, correr, ejercitarse, hacer deportes y conciertos, disfrutar, encontrarse, tener seguridad.
Malecón que no debe desvirtuarse cerrándolo, como se ha hecho y no se debe hacer en Magdalena, porque todos los ciudadanos tenemos allí un derecho de vía, que es quizá el primer derecho para que exista ciudad y ciudadanía.
Pasar, pasear.
Bienvenida, Mistura, por ejemplo, pero dentro de esos enormes espacios para actividades que hay y que se puede definir con vallas transparentes de modo temporal. Donde no se impide, sino que se favorece la vida ciudadana. Donde no se cierra, sino que se abre ese espacio a nuevas y bonitas experiencias.
Si abrirla o cerrarla. Ese era el dilema para que nuestro proyecto opte.
Si dejar que la sigan cerrando y lotizando o devolverla a su finalidad natural y lógica de espacio público, que es lo que es.
Porque no son lotes privados, sino un espacio que la ciudad ha ido ganando, desde cuando los suelos de la obra del Paseo de la República se vertieron allí con una recomendación acertada del Arq. Ernesto Aramburú, aunque en un proceso seguido con desorden y muy confusas competencias y responsabilidades sobre lo público.
Algo que la ley de los años 90 enreda más cuando designa a los distritos y no a la ciudad, a Lima, que es su suma, como titulares de una propiedad pública. Cuya unidad y no parcelación es lógica e indispensable.
Porque el mar no sabe en qué distrito está y la bahía es una.
Verla como nueve ámbitos autónomos, como Chorrillos, Barranco, Miraflores, San Isidro, Magdalena, San Miguel, La Perla, Callao, La Punta... es negar su entidad, su esencia y su sostenibilidad.
Conservarla, cuidarla, dinamizarla, darle seguridad y transporte público necesita unidad de criterio y necesita presencias: seguridad, serenazgo, vida cultural, vida deportiva. Y necesita recursos y obras, que por primera vez asume como tarea, cumpliendo una promesa, esta alcaldía metropolitana. Entregando con el dinero de todos lo que luego algunos distritos desvirtúan buscando rentas.
Y está bien que la metrópoli ordene y cuide su litoral, e invierta en él para que lo disfrutemos todos. Los bañistas, deportistas, ciclistas, tablistas y paseantes vienen de todos lados, y deben incluir turistas, espacios de gastronomía, espacios de cultura. No ser chacras, en que cada una hace lo que quiere, donde quiere, cuando quiere.
Necesitamos pasar de un medioevo chicha, o peor, de taifas, y derechos de pernada, a una vida ciudadana.
A ser ciudad, como se reconoce en conceptos y derechos hace más de dos mil años, desde Grecia y Roma. Derechos que el Perú prehispánico también tuvo sin duda. Las kanchas, los tambos, el Qhapaq Ñan, las plazas de mercado, fueron nuestros equivalentes a las vías romanas y a los foros herederos del ágora.
Necesitamos en Lima –y en Perú– librarnos de esa vergüenza de que la justicia acepte supuestos y delirantes derechos de propiedad hasta la tercera ola. Para quienes se creen jeques.
Y librarnos también de arquitecturas indignas que cortejan delirios de grandeza y empaquetan prestigio social en confundidas sopas y templetes pródigos de cornisas, despreciando el paisaje, violando la geografía, enajenando derechos de todos para privilegiar caprichos y abusos.
Porque todo eso hace pensar no en una sociedad plural, moderna y abierta, sino en Calígula, el emperador que esperaba que las olas le digan “ave, César” y no lo mojen ni a él ni a su caballo. A quien el mar revolcó, como correspondía.
La Costa Verde debe ser vista como un espacio para todos. Pero, para eso mismo, no para todo. Sí para lo que interesa a todos.
No para fracturarla y lotizarla, no para que sea la espalda de la ciudad, el arrojadero o vertedero de lo que sea, una tierra de nadie, que inspiró la película “Maruja en el infierno”. E inspira todavía a camioneros y alcaldes distritales que los alientan a que boten allí cualquier desmonte. Con basuras que el mar hace navegar hacia La Punta y que cuando cambian las corrientes terminan en  Miraflores, Barranco o Chorrillos.
Para que eso cambie y una costa valiosa para todos sea verdad también se necesita accesibilidad y movilidad, dos atributos indispensables. Llegar y desplazarse. Escaleras, rampas y transporte público, que vinculen e interconecten la ciudad de arriba y el malecón o paseo marítimo, hoy divorciados.
Esas escaleras y rampas que llegan a los puentes peatonales ya empiezan a construirse. En Miraflores, San Isidro, Barranco... Donde no hay suficiente accesibilidad. Y así además la ciudad estará defendida del riesgo de tsunamis,  que no hay que sobredimensionar, porque la isla San Lorenzo nos defiende de la mar brava.
Deben seguir las obras de las vías vehiculares y del malecón, sin lo cual no hay la Costa Verde prometida.
Y vendrán –la alcaldesa Villarán lo ha ratificado y la ciudad lo necesita– espacio público, ágoras, belleza, calidad, disfrute, encuentro, vida. Frente al mar y frente al río.
Costa Verde y Río Verde, prometidos y que empiezan a ser verdad, a quedar sembrados.
Para cosechar ciudadanía, futuro, derecho, una Lima mejor para todos, para nosotros y para los que vendrán.
Salud por eso.

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