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Friday, March 24, 2017

Vivimos en el pasado: 80 milisegundos retrasados con la realidad

Vivimos en el pasado: 80 milisegundos retrasados con la realidad

No es la primera vez que los científicos afirman que nuestra conciencia lleva un leve retraso respecto a la realidad. ¿Pero cuánto? 
Un experimento en laboratorio han demostrado que el desfase entre las cosas que suceden y las cosas que nosotros experimentamos es de unos 80 milisegundos, un lapso ligeramente similar a un abrir y cerrar de ojos, pero que por pequeño que sea nos hace vivir en el pasado y no en el presente.
El estudio es obra de David Eagleman, neurocientífico del Baylor College of Medicine de Houston y director del LPA (Laboratory for Perception and Action), así como uno de los gurús más reconocidos de cómo nuestro cerebro procesa la percepción temporal.
David Eagleman compara el momento de la percepción consciente con la emisión de un programa de televisión en directo, que en realidad no va en directo sino retrasado unos segundos, para que se pueda editar en caso de fallo. El cerebro hace lo mismo, pues necesita un cierto lapso de tiempo para recibir la señal que se envía desde los ojos o los otros órganos sensitivos.
Nuestra experiencia consciente por tanto se toma un tiempo en “montar” en la sección de realización de nuestro cerebro, que tiene que esperar a que lleguen todos los aportes pertinentes antes de que las experiencias del “ahora” se emita en nuestra cabeza.
Supongamos que hay un objeto que se mueve muy rápido y durante el tiempo que la luz de ese objeto golpea a la retina y se procesa en el cerebro, el objeto ya ha pasado. El caso es que si quieres ver las cosas que realmente ocurren, el sistema visual tiene que extrapolar y el cerebro en cierta forma, suponer el futuro.
Los experimentos de este científico han demostrado que el tiempo que transcurre desde que el estímulo llega a nuestros receptores y nuestro cerebro se hace consciente de ello es de unos 80 milisegundos, un abrir y cerrar de ojos pero una ventana temporal los suficientemente grande para ser medida en el laboratorio a partir de los conocimientos que nos ofrece la óptica.
Pero no tenemos porque apenarnos por perdernos esos 80 milisegundos de realidad, pues a veces puede venir hasta bien. Por ejemplo, para no percibir la bala que nos va a matar si una persona nos apunta a la cabeza con una pistola.
Como la bala viaja más rápido que el sonido, estará en tu cerebro antes de que la puedas oír o ver. Y para ello necesitarás un cerebro, que ahora estará desparramado por el suelo. Todo en menos de 80 milisegundos, por lo que ni te enteras.
Todos los detalles del estudio y el experimento, por cortesía del Salk Institute For Biological Studies

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